Renato el reno.

Mirando al infinito a través de la ventana de la cocina, se van despertando mis sentidos al olor del pan recién tostado. Cojo la taza de té que calienta mis manos, y soplo suavemente el agua antes de dar el primer sorbo. Como cada mañana, me quemo. Sin embargo, hay algo nuevo <<¿Qué haces aquí tan solo?>>

Elegante y tranquilo sobre el campo de fútbol se encuentra un hermoso reno pastando. Lo observo y pienso que será solo casualidad que haya aparecido esta mañana. De repente, sale corriendo, cruza la carretera y se pierde tras la primera colina. Un sueño quizás. No. Bajo la mirada hasta donde lo encontré por primera vez, y veo a un turista que corre hacia su coche.

Renato el reno, se convierte en mi compañero matutino. Aunque por más que le pregunto nunca me contesta. Comienzo a escuchar historias por el pueblo: “Ha venido a morir solo por eso se ha separado de la manada” o “Lo van a matar porque va a causar un accidente, los turistas se paran en mitad de la calle solo para fotografiarlo.”

<<¿Qué haces aquí tan solo? ¿no notas el peligro que te rodea?>> Le pregunto con la mirada, pero me ignora.

Tras varios días sin verlo, empecé a pensar que realmente había venido a morir solo en alguna esquina. Sin embargo, un día en el que iba paseando por el pueblo lo vi a lo lejos. <<¡Qué alegría de que sigas vivo!>> 

<<¿Por qué iba a morir? simplemente, me he desorientado. Cuando pastaba con mi manada se pararon coches a nuestro lado, de ellos salieron humanos que disparaban flashes de luz y corrían hacia nosotros. Asustados, salimos en estampida. La nieve escasea, los glaciales se derriten y el calor nos atonta, no vi las obras de la carretera y  caí por el terraplén. Al levantarme ya no vi a mi manada. Solo tengo que aguantar un poco más y volverán a estar cerca. Solo un poco más.>>

Después de aquello no volví a ver a Renato. Cuando pregunto nadie sabe de él o lo ha vuelto a ver. Algunas veces creo que lo veo, pero quizás solo sean imaginaciones mías. Cuando viajo veo grupos de renos disfrutando de la libertad, y pienso en Renato feliz, corriendo con los suyos, disfrutando del aire fresco, cuidando y enseñando a las crías a sobrevivir.

<<Si es que el ser humano se lo permite.>>

 

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