El conductor y la oveja

Cada mañana el pastor abre el establo de las ovejas. Aunque hace frío el rebaño sale a estirar las patas y a pastar. El aire fresco las revive tras una noche oscura, el poco sol que hay no las detiene y salen contentas. Durante todo el día pasean, corren, comen y descansan.

Entre cabezada y cabezada, las despiertan pitidos.

<<Antes, todo esto era campo. Nadie nos molestaba hasta la hora en la que el perro pastor nos daba la alarma de que el pastor nos reclamaba en casa. Él era la única molestia que teníamos. Sin embargo, ahora, muchas estamos muriendo, por inconscientes o por imprudencia ajena.>>

¡¡¡Piiiiiiiiiiiii!!! Las ovejas saltan del susto y se dispersan al correr. El corazón se les acelera y las luces las ciegan. Unas van a la derecha, otras a las izquierda, otras se chocan con las rocas o se tropiezan. ¡Pi! ¡Pi! ¡Piiiiiii!

<<Pero, ¿qué es esta chatarra? Los humanos no respetan nada. Se creen los dueños del mundo y no saben compartir. Luego, si tienen un accidente la culpa es nuestra por dormir aquí. No se dan cuenta que van asustando, que antes esto no existía y que debemos compartir y aprender.>> ¡Piiii! <<¡Oh no! Mi cría ha salido corriendo en la dirección que no debía.>>

Comienza un nuevo día, con muchas horas de carretera por delante. Conducir por nacional hace que te mantengas más alerta. El conductor se prepara para salir, cinturón, espejos…<<Hace un día estupendo.>>

El camino es largo y la carretera necesita algún que otro apaño. Encima no hay arcén. <<¡Qué bien!>> Por el día se ve todo claro, los animales pastan y corren alegremente. <<Pero… ¿Esto qué es? ¡No habrá sitio donde ponerse que al lado de la carretera! Si es que compran papeletas para ser atropelladas.>> ¡Piiiiiii! <<¡Pero qué hacéis ahí! ¡Pero dónde vas hacia la carretera, tira para el otro lado>> ¡Piiii! <<Encima con crías y todo.>> Da un volantazo y frena. <<Para haberme matado por culpa de las ovejas. Estos pastores a saber en qué piensan ¡ah! Claro, en la indemnización que consiguen si alguien les atropella alguna; no vayan a pensar en el daño que les puede causar al que conduce, no…>>

El conductor sigue protestando cada vez que se cruza con algún animal, sin prestar atención en las recomendaciones que las señales le advierten por el camino, como por ejemplo: cuidado ovejas.

Renato el reno.

Mirando al infinito a través de la ventana de la cocina, se van despertando mis sentidos al olor del pan recién tostado. Cojo la taza de té que calienta mis manos, y soplo suavemente el agua antes de dar el primer sorbo. Como cada mañana, me quemo. Sin embargo, hay algo nuevo <<¿Qué haces aquí tan solo?>>

Elegante y tranquilo sobre el campo de fútbol se encuentra un hermoso reno pastando. Lo observo y pienso que será solo casualidad que haya aparecido esta mañana. De repente, sale corriendo, cruza la carretera y se pierde tras la primera colina. Un sueño quizás. No. Bajo la mirada hasta donde lo encontré por primera vez, y veo a un turista que corre hacia su coche.

Renato el reno, se convierte en mi compañero matutino. Aunque por más que le pregunto nunca me contesta. Comienzo a escuchar historias por el pueblo: “Ha venido a morir solo por eso se ha separado de la manada” o “Lo van a matar porque va a causar un accidente, los turistas se paran en mitad de la calle solo para fotografiarlo.”

<<¿Qué haces aquí tan solo? ¿no notas el peligro que te rodea?>> Le pregunto con la mirada, pero me ignora.

Tras varios días sin verlo, empecé a pensar que realmente había venido a morir solo en alguna esquina. Sin embargo, un día en el que iba paseando por el pueblo lo vi a lo lejos. <<¡Qué alegría de que sigas vivo!>> 

<<¿Por qué iba a morir? simplemente, me he desorientado. Cuando pastaba con mi manada se pararon coches a nuestro lado, de ellos salieron humanos que disparaban flashes de luz y corrían hacia nosotros. Asustados, salimos en estampida. La nieve escasea, los glaciales se derriten y el calor nos atonta, no vi las obras de la carretera y  caí por el terraplén. Al levantarme ya no vi a mi manada. Solo tengo que aguantar un poco más y volverán a estar cerca. Solo un poco más.>>

Después de aquello no volví a ver a Renato. Cuando pregunto nadie sabe de él o lo ha vuelto a ver. Algunas veces creo que lo veo, pero quizás solo sean imaginaciones mías. Cuando viajo veo grupos de renos disfrutando de la libertad, y pienso en Renato feliz, corriendo con los suyos, disfrutando del aire fresco, cuidando y enseñando a las crías a sobrevivir.

<<Si es que el ser humano se lo permite.>>